El Atleta del Siglo de Oro (Los Tercios)

La élite militar que reunió lo mejor de Europa — ¿tienes su disciplina?

GIMNASIO

Miguel Forés

5/21/20265 min leer

El Atleta del Siglo de Oro (Los Tercios) La élite militar que reunió lo mejor de Europa — ¿tienes su disciplina?

Entre los siglos XVI y XVII, Europa produjo quizás la infantería más efectiva de la historia. No era un ejército de una sola nación ni de una sola bandera. Los Tercios reunieron a los mejores soldados del continente: castellanos y aragoneses, napolitanos y genoveses, flamencos y valones, alemanes y borgoñones, mercenarios suizos. Lo que los unía no era el lugar donde habían nacido, sino un nivel de exigencia física y mental que ninguna otra fuerza europea podía igualar.

Operaban en un arco territorial que iba de Italia a los Países Bajos, del Mediterráneo a los bosques del norte de Europa: el territorio que hoy comprende España, Francia, Bélgica, Luxemburgo, los Países Bajos, Alemania, Suiza e Italia. Alejandro Farnesio, considerado por muchos el mejor general del siglo XVI, era italiano criado en España. Sus soldados venían de toda Europa. La lengua compartida en el campo era el español, pero la sangre que corría por las formaciones era continental.

Durante 150 años, ningún ejército europeo pudo enfrentarlos en campo abierto. No por superioridad numérica ni por mejor armamento. Por disciplina. Por preparación física. Por una capacidad de aguante que transformaba hombres normales en algo parecido a una máquina de guerra colectiva.

Esta es la historia de cómo se forjó ese cuerpo. Y una rutina para que tú lo intentes.

Los tres pilares del soldado del Tercio

El entrenamiento del soldado de los Tercios no existía en un manual ni en un cuaderno. Existía en la vida diaria. En las exigencias físicas que la guerra imponía y que el soldado tenía que superar semana tras semana, año tras año.

Primer pilar: la marcha forzada

El Camino Español era la ruta de suministros que conectaba Milán con Bruselas: más de mil kilómetros a pie a través de los Alpes, Borgoña y Lorena. Los tercios la recorrían cargando entre treinta y cuarenta kilos de equipamiento: armadura, pica, espada, mosquete o arcabuz, munición, raciones y herramientas. Una etapa normal era de treinta a cuarenta kilómetros al día. En terreno adverso. Con tiempo adverso. Sin opción de parar.

No existía el cardio en cinta. Existía llegar o no llegar.

Segundo pilar: la fuerza isométrica

La pica era el alma de los Tercios. Una lanza de madera de fresno de cinco metros de largo que podía pesar entre cuatro y seis kilos. Mantenerla extendida frente a una carga de caballería —durante minutos, no segundos— requería hombros de hierro, dorsales activados permanentemente y un core que no cediera bajo ninguna circunstancia. La formación en cuadro, el famoso tercio cuadrado, obligaba a cada soldado a mantener su posición sin importar lo que viniera desde el frente.

En la era moderna, a eso lo llamamos tiempo bajo tensión. Ellos lo llamaban sobrevivir.

Tercer pilar: la fuerza funcional

Los zapadores de los Tercios eran ingenieros de guerra improvisados. Cavaban trincheras antes de dormir. Levantaban empalizadas bajo fuego. Movían cañones por terrenos imposibles. Escalaban murallas. Todo eso después de marchas de días. El cuerpo que se forjaba en esas condiciones no era un cuerpo para el espejo: era un cuerpo para cualquier situación que la vida pudiera presentar.

La rutina: 5 días para forjar ese físico

Los ejercicios que siguen no tienen máquinas. No necesitan poleas ni cables. Requieren lo mismo que tenían los soldados del Tercio: peso corporal, determinación y la disposición de ir hasta donde duele.

Día 1 — Pecho (El empuje)

En formación de piqueros, el soldado empujaba hacia delante con el cuerpo entero. El pecho, el tríceps y el hombro anterior eran el motor del avance. Estos ejercicios replican ese patrón.

Fondos en barras paralelas — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Aperturas con mancuernas — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Flexiones tipo arquero — 2 o 3 series al fallo Rueda abdominal — hasta el fallo

Día 2 — Abdominales (El núcleo)

Sostener la pica. Aguantar el impacto del enemigo. Mantener la posición en el cuadro cuando la caballería cargaba a plena velocidad. Todo eso dependía de un core que no cediera. Este día existe por eso.

Plancha frontal — 3 series de 45 a 60 segundos Plancha lateral — 3 series de 30 segundos por lado Elevaciones de piernas tumbado — 3 series de 12 a 15 repeticiones Crunch con piernas elevadas — 3 series de 15 a 20 repeticiones Rueda abdominal — 3 series al fallo Mountain climbers — 3 series de 30 segundos

Día 3 — Pierna (La marcha)

El Camino Español no se hacía con las manos. La pierna era el motor del Imperio. La sentadilla búlgara replica el paso asimétrico de la marcha con carga; los gemelos, los kilómetros en terreno duro.

Sentadilla búlgara con mancuernas — 2 o 3 series de 10 a 15 repeticiones por pierna Sentadillas — 2 o 3 series de 10 a 15 repeticiones Puente de glúteo — 2 o 3 series de 10 a 15 repeticiones El soldado (caminar agachado) — opcional, hasta el fallo Gemelos — 2 o 3 series de 10 a 15 repeticiones

Día 4 — Espalda y hombro (La pica)

Cinco metros de fresno extendido frente a ti, durante minutos, bajo la presión de una carga de caballería. Los dorsales y el deltoides posterior son lo que separaba a un piquero en pie de un piquero caído. Este día los machaca.

Laterales agachado con mancuerna — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Elevaciones laterales con mancuerna — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Dominadas con agarre abierto — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Dominadas con agarre cerrado — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Rueda abdominal — hasta el fallo

Día 5 — Descanso (El campamento)

El soldado del Tercio no descansaba en hoteles. Pero entendía algo que muchos atletas modernos ignoran: sin recuperación, el cuerpo se rompe. Este día es sagrado.

Duerme bien. Come suficiente proteína. Hidrátate. Haz movilidad si te apetece, pero nada de intensidad.

Día 6 o 7 — Brazos (El cuerpo a cuerpo)

Cuando la formación se rompía, entraba en juego la espada. El combate cuerpo a cuerpo era explosivo, breve y dependía completamente del bíceps, el tríceps y el agarre. El soldado que sobrevivía al tercio cerrado era el que tenía brazos que no fallaban en el momento decisivo.

Curl de bíceps concentrado — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Curl alternado tipo martillo — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Dominadas cerradas — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Extensión de tríceps diamante — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Flexiones diamante — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones Extensión de tríceps trasero con goma — 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones

Cómo progresar

El soldado del Tercio no era más fuerte que el enemigo por genética. Era más fuerte por acumulación. Semana tras semana, año tras año, el cuerpo se adaptaba a las exigencias que el servicio le imponía. Tú tienes tres formas de hacer lo mismo:

Subir peso cuando llegues al límite superior del rango con buena técnica. Añadir repeticiones manteniendo el mismo peso. Añadir series cuando el cuerpo ya no sienta el esfuerzo como antes.

Anótalo. Sin registro no hay progresión real.

Para terminar

Los soldados que formaban los Tercios no elegían esa vida por el físico. La elegían por algo más difícil de definir: una mezcla de necesidad, orgullo y la certeza de que pertenecer a la mejor infantería del mundo exigía ser algo más de lo que eras antes de entrar.

No importaba si venías de Nápoles, de Gante, de Burgos, de Metz o de Zurich. Si formabas en el Tercio, el nivel era el mismo para todos.

Esta rutina no te va a convertir en un soldado del siglo XVI. Pero si la sigues con honestidad durante doce semanas, te va a convertir en una versión más fuerte, más resistente y más funcional de ti mismo.

¿Tienes la disciplina de los que cruzaron Europa a pie?

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